
“La analogía de los contrarios es la relación de la luz y la sombra, de la cima y del abismo, del lleno y el vacío. La alegoría, madre de todos los dogmas, es la substitución de la huella por el sello, de las sombras por la realidad, y de la mentira de la verdad por la verdad de la mentira”.
(Eliphas Levi, Dogme de la haute magie, citado por Humberto Eco en el Péndulo de Foucault) La luz, es imprescindible y necesaria para poder ver el mundo, pero para poder percibir la luz, necesitamos de la oscuridad; sólo en lo oscuro se percibe la luz, de esa manera siempre que hablamos de luz, necesitamos definirla en la oscuridad. Toda idea, para poder ser expresada completamente, precisa ser relacionada con su opuesto.
El funcionamiento de la cámara oscura es una evidencia de este diálogo entre luz y oscuridad. Cuanta más oscuridad se consiga en el interior de la cámara, más claramente podremos ver la imagen que se crea del exterior.
Trabajar con luz requiere tener conciencia de ella, sin ella no podemos ver y por tanto no podemos percibir nuestro entorno inmediato, ni comprender el universo que nos rodea.